18 Jun 2020

El nopal, ingrediente y símbolo de la cultura mexicana

Aspectos históricos y culturales del nopal en México.

Por Zuleyma Cruz Rodríguez

El nopal es aquel ingrediente fundamental de México, imposible no encontrarlo en cualquiera de los mercados y cocinas a lo largo y ancho de casi todo el país, el arraigo a tal ingrediente y su simbolismo en nuestra cultura es evidente; para muestra, basta ver nuestra bandera nacional.

Se trata de otro de los elementos que nos heredó el México antiguo, pero que, dado su valor, ni los mismos colonizadores pudieron borrar de la historia, porque a ellos mismos causó asombro y riqueza.

Hay unos árboles en esta tierra que llaman nopalli, que quiere decir tunal o árbol que lleva tunas. Es monstruoso ese árbol: el tronco se compone de hojas y las ramas se hacen de las mismas hojas. Las hojas son anchas y gruesas, tienen mucho zumo y son viscosas. Tienen espinitas [en] las mismas hojas. La fruta que en estos árboles se hace se llama tuna y es de buen comer. Es fruta preciada y las buenas de ellas son como camuesas [opuntia robusta]. Las hojas de este árbol cómenlas crudas y cocidas (Bernardino de Sahagún en Artes de México, 2016, p.46).

Pero el nopal no solo es alimento y símbolo, también es la morada de frutos (las tunas) y del gusano de la grana, un minúsculo insecto por el que los conquistadores se apresuraron a tomar estas tierras, pues gracias al pigmento que se obtiene de esos pequeños seres, tendrían más productos costosos que comerciar en Occidente y Oriente. “Además del oro y la plata, el rojo cochinilla proporcionó el músculo financiero del que dependía el imperio español” (St Clair Kassia, 2017, p.142).

El nopal es tan verde que uno no creería que gracias a él se puede obtener un rojo carmín intenso, pigmento que hasta la actualidad no solo se ha utilizado en el sector textil, la cosmética o la arquitectura, sino incluso en el sector alimentario de México y del mundo: “[…] desde los chocolates M&M, hasta las salchichas, desde los bizcochitos red velvet hasta la Coca-Cola de cereza (y para apaciguar a los remilgados, por lo general se oculta tras la mucho más inofensiva etiqueta E120)” (St. Clair Kassia, p.143).

En la Ciudad de México la región de Milpa Alta es la que se caracteriza por la producción de nopal, y sin duda, allí no es solo fuente de ingresos, sino un elemento en torno al cual gira la vida; es el que marca la pauta. Allí desde pequeños aprenden a sembrarlo y cosecharlo y se coloca en el mismo grado de importancia que ir a la escuela: “Nuestros padres querían que también estudiáramos para que, si no la hacíamos en la escuela, la armáramos en la agricultura (Olmos Gabriela en Artes de México, 2002, p.18). Además, es una fuente inagotable de esperanza: “[…] Así como la gente dice que para todos sale el sol, los campesinos bien decimos que para todos sale el nopal” (Olmos Gabriela en Artes de México, p.20).

Después de todo lo anterior ¿Nuestros lectores y lectoras seguirán pensando que el nopal solo es alimento?

Es verdad que este se encuentra en incontables guisos, pero también en historias y memorias.

 

Bibliografía:

 

·         Artes de México. (2016). Semillas de Identidad, 31 alimentos que México dio al mundo. Artes de México, (122).

·         St Clair Kassia. (2017). Las vidas secretas del color. España: Indicios.

Olmos Gabriela. (2002). Para todos sale el nopal, testimonio campesino. Artes de México, (59), 16-21. 

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