03 Jul 2019

Menonitas, más allá de los semáforos y los quesos

Alma Palomec Nava.

Gastrónoma.

 

Todos hemos visto, mientras esperamos en un alto de cualquier cruce en la ciudad, la figura icónica de una persona de tez muy clara, comúnmente vistiendo un overol, protegiéndose de los duros rayos de sol con un sombrero y vendiendo distintos quesos y mantequilla. Pero ¿conoces cuál es el origen de estas personas y cómo llegaron a este país?

 

Taylor hansen y lawrence douglas en su trabajo “las migraciones menonitas al norte de méxico entre 1922 y 1940”, ubican el origen de la comunidad menonita en el movimiento anabaptista [1] iniciado en suiza alrededor de 1525 como parte de la reforma protestante. Dicho grupo, con sus diferentes corrientes, tenía raíces alemanas y holandesas, sin embargo no existía una comunión de ideas.

 

El sacerdote holandés menno simons lideró y consolidó la congregación pacifista dentro del anabaptismo, teniendo un papel tan fundamental que sus adversarios insultaban a sus integrantes llamándolos “menonitas”.

 

A causa de seguir su propia ideología y principios religiosos, tales como la separación iglesia-estado, bautismo únicamente para adultos y de forma voluntaria, abstinencia de juramentos de cualquier tipo, no uso de violencia, así como nula participación en asuntos políticos-gubernamentales, tras sufrir numerosas persecuciones, este grupo se refugió en las zonas rurales de europa, dedicándose a la agricultura con tal de poder subsistir.

 

A mitad del siglo xvi, ciertas comunidades menonitas vivían en danzing, un territorio perteneciente al reino polaco de sigismund ii, quien les concedió un privilegio para practicar libremente su religión, servicio militar no obligatorio y tener escuelas propias.

 

Hacia 1786 los menonitas fueron persuadidos de asentarse al sur de ucrania, zona que ya formaba parte del imperio ruso, fundando de nuevo sus colonias y manteniendo sus mismos privilegios, pero un siglo después, tras cancelarse la administración de colonias extranjeras, se eliminó el acuerdo establecido y la comunidad menonita perdió su autonomía, encontrándose obligada a formar parte del gobierno ruso y por lo tanto sujeta a prestar servicio militar.

 

Lo anterior, aunado a crecientes problemas con la repartición de terrenos y el aprovechamiento de los mismos, así como la falta de preparación para establecer instituciones sociales y un liderazgo firme, provocó que diferentes colonias buscaran establecerse en el continente americano, señalan los autores de “las migraciones menonitas...”.

 

Al conocer el rechazo de estados unidos para firmar un contrato con sus comunidades, lograron establecer un acuerdo con el gobierno de canadá, obteniendo reservas al este y oeste del río rojo, en la provincia de manitoba. Sin embargo, debido a conflictos originados en la primera guerra mundial, las comunidades menonitas volvieron a considerar emigrar a otros países a manera de mantener su integridad religiosa y social. México y algunos otros países de américa latina representaron una nueva oportunidad.

 

Hansen y douglas apuntan que posterior a un primer encuentro de sus representantes con el entonces presidente álvaro obregón en 1921, y gracias al interés del gobierno mexicano por impulsar la economía con ayuda de la agricultura, se crearon decretos enfocados en la ayuda de cierto tipo de inmigrantes, estableciéndose un nuevo privilegium para los menonitas, que incluía la exención de servicio militar, libertad religiosa, liberación de juramentos y libertad para tener sus propias escuelas y administrar sus propiedades. Además, todos los gastos de su traslado serían cubiertos.

 

Las primeras comunidades menonitas llegaron en 1922 al norte de méxico, tras comprar una porción de las exhaciendas bustillos y santa clara en chihuahua. Se establecieron distribuyéndose en lotes para delimitar su territorio en villas, trazando sus propias calles, construyendo sus escuelas y casas, así como experimentando con técnicas, utensilios y variedades de cultivo para poder adaptarse. Otros grupos buscaron asentarse en diferentes partes de durango y guanajuato.

 

El anabaptismo es una corriente de la religión cristiana.

Cítanos.

Palomec nava, alma, “menonitas, más allá de los semáforos y los quesos”, claustronomía. Revista gastronómica digital, universidad del claustro de sor juana, méxico, d.f., 2015, <www.claustronomía.mx>.

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