20 Nov 2016

Placeres muy dulces

Ximena García Vargas

Gastrónoma

 

Y entonces los miras, quieres probarlos, pero la culpa te invade, sabes que con comer sólo uno no es suficiente, si bien dicen que poco dura el dulce en la boca. No importa que edad tengas, tampoco importan las promesas de año nuevo o querer un cuerpo de verano, mucho menos si acabamos de comer y estamos por reventar, cuando los dulces se cruzan en nuestro camino no hay pensamiento racional que nos detenga, es más, hasta nos justificamos con que lo que comamos a partir de ese momento se va a ir a nuestro “estómago del postre” aquel mítico lugar reservado únicamente para los dulces.

Sea como sea todos hemos tenido aquel momento en el que sentimos la necesidad de endulzar la vida y nada mejor que probar alguno de los top ten que podemos encontrar en esta dulce ciudad, nuestra Ciudad de México:

Raspados. Conocemos con este nombre a aquella golosina preparada al momento, donde el vendedor raspa un enorme bloque de hielo que transporta en un carrito, para obtener un granizado, que se coloca en un vaso y se baña de un delicioso jarabe de sabor grosella, uva, tamarindo y limón, aunque existe una gran variedad de sabores exóticos como mango, maracuyá, vainilla, coco, guayaba, piña. Es muy refrescante comer un raspado en verano, si quieres masticar el hielo picado puedes usar la cucharilla que te dan, si lo que deseas es beber el jarabe entonces usa el popote. Por unos 7 u 8 pesos más puedes comprar una de las dos variaciones, el diablito o la monja. Como se puede observar en los puestos que preparan este postre, el primero se prepara con jarabes frutales, se baña con chamoy, jugo de limón y como toque coqueto se le clava al raspado una banderilla de tamarindo, como si con todo lo anterior no picara ya lo suficiente. En cambio las monjas tienen una base de rompope, las recubren con lechera y se bañan con una capa de chocolate líquido acompañado de chispas también de chocolate, simulando el hábito de una monja, una deliciosa bomba de azúcar.

Algodón de azúcar. Una feria no puede estar completa sin un puesto de algodones de azúcar también conocidos como nube de azúcar, los hay de todos colores, tamaños y formas, desde conos bicolores a flores con delicados pétalos de azúcar y aquí sí aplica la frase: entre más grande mejor. Como nos explican en The food Timeline originalmente este postre de origen europeo pero mejorado en Estados Unidos era de un color blanco, con el tiempo se les fue añadiendo color y las formas se hicieron más complejas y aunque en pocas palabras solo está formado por hilos de azúcar y colorante, un 99.99% de azúcar según The New York Times, no dejan de fascinar los colores y las texturas, que te hacen sentir como si pudieras comer un cachito de cielo.

Buñuelos de rodilla. Hablando de dulces y antojitos de feria, siempre hay un puesto de buñuelos. El Diccionario enciclopédico de gastronomía mexicana Se hacen con una mezcla de harina de trigo, agua, huevo, sal y un poco de manteca, la mezcla resultante se estira hasta hacer un círculo que puede alcanzar más de 40 centímetros de diámetro, posteriormente se fríe en aceite vegetal, aunque tradicionalmente se usa manteca y quedan dorados y crocantes. Podemos reconocer estos puestos ya que apilan los buñuelos uno por uno hasta formar varias columnas. Cuando pides un buñuelo, el vendedor toma uno de entre sus torres, lo trocea y lo pone en una bolsa para así bañarlo con miel de piloncillo, guayaba y tejocote, una delicia y aunque se vean muy grandes realmente no te bastará con solo uno. El curioso nombre de este postre se debe a que tradicionalmente la masa se estira sobre un paño de manta colocado en las piernas y rodillas de las cocineras, este proceso se debe realizarse con sumo cuidado para evitar romper el buñuelo y a la vez es preciso que alcance las dimensiones anteriormente mencionadas.

Camotes y plátanos asados. En la fría y obscura noche, podemos escuchar el silbido del carrito de camotes, que pasa por las calles llamando a todo aquel que se encuentra a su paso. La forma del carrito camotero nos recuerda al de una locomotora, con un enorme tubo por donde escapa el vapor de la caldera, rompiendo el silencio con un lamento. Este tipo de postre es horneados en vapor y se bañan con leche condensada azúcar y canela, para después servirse en papel estrasa. Aunque los camotes por sí solo no tiene un sabor dulce como el que estamos acostumbrados, la textura y el sabor son únicos. Por lo general el camotero también nos ofrece plátanos asados, se sirve leche condensada, azúcar. Se sirven calientitos y realmente vale la pena probar alguno de estos dos, así que no dudes en salir una noche y responder al llamado del carro de los camotes.

Helados y nieves. Aunque son parecidos no son lo mismo, Ricardo Muñoz Zurita aclara que las nieves son aquellas preparadas principalmente con agua y frutas, se dice que desde México antiguo estas se hacían con el hielo que se traía de la falda de los volcanes y durante el virreinato se ofrecieron nieves con sabor a limón y zapote. En cambio los helados son aquellos que además se les añade grasa vegetal, como crema y leche en vez de agua. Es muy común ver en los parques y plazas a los vendedores con sus carritos de nieve,llevan enormes cubos de madera rellenos de hielo con sal y en el centro de estos hay un bote de metal dónde se encuentran los helados y las nieves. De los sabores más típicos que podemos encontrar están el limón, mango, vainilla, fresa y beso de ángel, entre otros. Hace algunos años aún podíamos ver clavadas entre el hielo a las pequeñas paletas en forma de conos o tubos con sabores de vainilla, fresa y nuez e independientemente del sabor siempre quedaba un pequeño gusto a sal en el paladar y cabe mencionar que desde el auge de las famosas tepoznieves ahora es más fácil encontrar sabores ‘exóticos’ como pétalos de rosa. También podemos pedir nieves preparadas, aquellas de sabores frutales con un toque de chamoy y una banderilla de tamarindo. Así que no lo dudes, nada mejor que un helado o una nieve para quitar el bochorno ocasionado por esta gran ciudad.

Merengues. Como explica el Diccionario enciclopédico de gastronomía mexicana es un dulce típico hecho a base de clara de huevo batida con azúcar y posteriormente horneado, generalmente se encuentran en colores rosa o blanco y con formas alargadas, de caracol, rellenos, servidos en vasitos o rellenando un una especie de cannoli, este último es conocido como gaznate. El libro también señala que estos postres llegaron en la cocina conventual del Virreinato. Anteriormente los merengueros eran muy conocidos por sus juegos de azar, donde con ayuda de una moneda lanzaba un ‘volado’ y se apostaba el llevarse el doble de merengues, aunque es probable que no se pudiese ganar esta apuesta con facilidad, sino esta práctica no sería rentable para el merenguero. Hoy en día, aunque es más difícil ver pasar a los merengueros por la calle, aún existen lugares como Chapultepec, Coyoacán o Xochimilco donde podemos encontrar estos dulces tradicionales.

Churros. Aunque se venden a casi cualquier hora del día, pocas cosas son mejores que comer unos churros cuando empieza a caer la tarde. Según el Diccionario enciclopédico de la gastronomía mexicana un churro es un postre de origen italiano hecho de harina, azúcar y agua, la mezcla se coloca en una especie de jeringa para que caigan tiras sobre aceite caliente, una vez fritos se bañan con azúcar y canela. Podemos encontrar churros casi en cualquier parte de la ciudad, desde grandes establecimientos conocidos como churrerías hasta vendedores que se paran frente al metro con sus grandes canastas. Es recomendable cenar churros acompañado de chocolate caliente o café y saben aún mejor en temporadas de invierno cuando el frío ataca.

Muéganos. En el Diccionario enciclopédico de gastronomía mexicana nos explica que este postre está hecho con harina de trigo fritos, son cuadros de pasta frita unidos con miel de piloncillo, que en su conjunto forman una especie de esferas de una tonalidad dorada gracias al caramelo. Es una golosina crujiente, no apta para personas con dientes débiles, si dudas de la fortaleza de tu dentadura lo mejor es trocearlo para obtener porciones más manejables. Al igual que los merengues, este dulce es más común encontrarlo durante las ferias y en barrios como el centro de Coyoacán o en Chapultepec.

Plátano frito. Se trata de plátano macho maduro, que es rebanado a lo largo para sacar tiras ligeramente gruesas que luego se fríen en aceite, aunque el sabor de los plátanos es muy dulce por sí solo, pueden bañarlos con crema o leche condensada. La textura de este postre es muy peculiar, ya que por fuera se sienten ligeramente crocantes y por dentro son suaves. Para preparar este postre se utilizan plátanos maduros, aquellos que en su exterior se ven tan negros que casi todas las personas rechazan, sin embargo precisamente por esta madurez el sabor es más dulce de lo normal , si pasas cerca de un puesto que se especialice en ellos, no dudes en comprar una charolita, después de todo recuerda que una vez al año no hace daño.

Jamoncillos o dulce de leche. Ricardo Muñoz Zurita explica que en México el dulce de leche es aquel hecho a partir del hervor a fuego lento de leche con azúcar y canela, hasta obtener una pasta suave, la cual o bien, se vacía en una manga y se forman tiras largas o se extiende en una placa y se corta en cubos o rectángulos hasta que la mezcla se enfríe. A este dulce se le coloca encima una nuez entera o en trozos y en algunos lugares la espolvorean con pistache o piñón troceado. Por su tardada elaboración este dulce puede ser un poco más caro, ya que se puede encontrar de quince a veinte pesos la barrita de no más de 7 centímetros, sin embargo su delicioso sabor justifica cualquier gasto, además las porciones son del tamaño suficiente para no empalagarse. Existen variaciones a las cuales se les añade licor y se les conoce como envinados.

Con esto me despido y espero que si te ha llegado el antojo, tengas a un vendedor de dulces a la mano. No le temas al azúcar, disfruta la vida que es corta y hay que vivirla.

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